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Economía Sueldos están comenzando a ganarle a la inflación y Milei sueña con la reactivación 
Tras el IPC de agosto, Milei necesita que la economía vuelva a moverse. Y, sobre todo, que esa recuperación se sienta en el bolsillo de los votante.
En líneas generales, los economistas referentes de la City aseguran que, así como están las cosas, el Gobierno podría asegurar cierta estabilidad cambiaria gracias a los dólares de vaca Muerta y a la estrategia de Luis Caputo, pero corre el riesgo de que los votos se corran hacia otra alternativa política, si es que no hay combustible para el consumo de las familias.
Javier Milei enfrenta un desafío muy distinto al que tenía hace un año. La batalla por bajar la inflación ya no alcanza: ahora necesita que la economía vuelva a moverse. Y, sobre todo, que esa recuperación se sienta en el bolsillo de los votantes.
La estrategia oficial no pasa por un plan de estímulo clásico; nada de "plan platita". Todo lo contrario. En la Casa Rosada creen que el mayor impulso al consumo puede venir de una combinación mucho más delicada: una inflación mensual que empiece con "1" y paritarias que se ubiquen sistemáticamente por encima de ese nivel.
Es la gran apuesta económica de los próximos meses. Por lo pronto, la inflación de agosto arrojó un índice de 1,7%. Si funciona, el consumo podría comenzar a reaccionar, la actividad recuperar dinamismo y la recaudación volver a crecer.
Si falla, el Gobierno llegará a la recta final hacia las elecciones de octubre de 2027 con una economía que mantiene el equilibrio financiero, pero sin mostrar una mejora perceptible para la mayoría de la población.
Un informe de Fundación Capital -dirigida por Martín Redrado- sostiene que la actividad crece apenas alrededor del 2% interanual y de manera muy desigual.
Los sectores vinculados al agro, la energía y la minería lideran la expansión, mientras que la industria y el comercio siguen rezagados, justamente las actividades con mayor generación de empleo urbano.
Ese diagnóstico explica buena parte de las decisiones recientes del Gobierno: flexibilización del crédito en dólares para empresas, impulso a los préstamos hipotecarios y una batería de medidas destinadas a reactivar el financiamiento sin alterar el ancla monetaria.
Pero ninguna de esas herramientas tendrá impacto masivo si las familias no recuperan capacidad de compra.
La hoja de ruta del Gobierno: inflación de 1% y salarios de 2%
Las negociaciones salariales empiezan a mostrar el escenario que viene imaginando el Palacio de Hacienda.
De acuerdo con el relevamiento de la consultora del economista Fernando Marull, los acuerdos que se están cerrando para el segundo semestre convergen hacia aumentos mensuales cercanos al 2%, mientras la inflación proyectada desciende progresivamente hasta estabilizarse en torno al 1,6%.
La lógica oficial es sencilla: aunque los salarios no tengan aumentos espectaculares, una diferencia de medio punto porcentual mensual frente a la inflación genera una mejora gradual del ingreso real. Después de varios meses, ese efecto comienza a traducirse en mayor consumo.
La Fundación Capital también llega a una conclusión similar. Según sus estimaciones, las últimas paritarias del sector privado registrado rondan el 2,3% mensual durante el tercer trimestre, por encima de una inflación promedio cercana al 1,9%.
El salario real mejoraría, aunque todavía de manera insuficiente para recuperar completamente el poder adquisitivo perdido durante la primera parte del año.
Ojo con el superávit: cae la recaudación y el Gobierno ajusta La urgencia oficial por levantar los ingresos de los asalariados persigue además una explicación fiscal.
Desde hace varios meses la recaudación tributaria crece por debajo de la inflación, un fenómeno que refleja la debilidad de la actividad económica. IVA, impuestos ligados al consumo y varios tributos asociados al mercado interno muestran un desempeño mucho más flojo que el esperado.
Esa situación empezó a achicar el superávit primario. Y en el mercado ya aparecen proyecciones que anticipan que el resultado financiero —el que incluye el pago de intereses— podría cerrar levemente negativo, en torno al 0,2% del PBI.
FUENTE: IPROFESIONAL
Jueves, 10 de septiembre de 2026
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