|
|
Economía Radiografía de la juventud desigual: solo 14% de los jóvenes en Argentina consigue empleo registrado  Las chances de tener trabajo registrado son mayores en el estrato medio y alto. El impacto en el estudio, el empleo, la salud mental y la violencia
Así como encontró que la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar frenan la indigencia en la Argentina pero no la pobreza, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica (ODSA-UCA) también halló una fuerte determinación entre la condición socioeconómica y las posibilidades de los jóvenes de entre 18 y 25 años de edad de terminar sus estudios y conseguir un trabajo registrado, pleno de derechos. El mismo muestra, además, que las desigualdades se acumulan desde el hogar de origen y alcanzan también al bienestar psicológico, los vínculos sociales y las experiencias de violencia de género
El estudio amplía el debate habitual sobre jóvenes, empleo y "NiNi" al mostrar que la exclusión constituye un proceso multidimensional y acumulativo. Las desventajas educativas se superponen con empleos más precarios, menores posibilidades de continuar estudiando, responsabilidades familiares más tempranas y mayores vulnerabilidades psicosociales.
En ese marco, el estudio firmado por los investigadores Agustín Salvia, Eduardo Donza, Miranda Correa y Fernanda Acuña, avanza sobre el concepto de herencia social. Concluye que "estudiar, acceder a un empleo de calidad, formar una familia y disponer de recursos para afrontar la vida adulta son oportunidades fuertemente desiguales entre los jóvenes. La posición socioeconómica del hogar estructura esas diferencias y favorece la acumulación de ventajas y desventajas educativas, laborales, familiares y psicosociales."
Cuántos jóvenes no terminan la educación obligatoria ni buscan trabajo A nivel general, el relevamiento encontró que cuatro de cada diez jóvenes no completan la educación secundaria. En ese marco, el acceso a la educación superior llega solo a una tercera parte del universo estudiado de jóvenes de 18 a 25 años.
39,6% no completó la educación secundaria obligatoria. 32,4% asiste o completó estudios de nivel superior. 28% tiene el secundario completo como máximo nivel educativo. Al incorporar el componente de estrato social, las brechas educativas son contundentes: mientras el 69% de los jóvenes del estrato medio alto inició o completó estudios superiores, el 64,7% del estrato muy bajo no terminó la escolaridad obligatoria. En materia laboral, apenas el 14,2% de los jóvenes accede a un empleo pleno de derechos.
La desigualdad resulta todavía más evidente cuando se observan conjuntamente educación y trabajo. Uno de cada cinco jóvenes no estudia ni trabaja, pero esta situación alcanza al 34,2% de los jóvenes del estrato muy bajo frente al 8,3% del medio alto. A su vez, la posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar cae del 41,2% al 15,6% entre ambos extremos sociales.
Empleo registrado joven, qué porcentaje accede a un trabajo formal A su vez, el empleo pleno de derechos es minoritario entre los jóvenes: alcanza apenas al 14,2%. A su vez, una parte importante transita inserciones inestables: el 22,5% combina empleo irregular y desempleo reciente, y otro 10,7% permanece desempleado por más de seis meses. ODSA UCA concluye que las desventajas laborales aumentan al descender en la escala social: cae el empleo regular y crecen el empleo irregular y el desempleo prolongado.
El empleo regular alcanza al 38,9% de los jóvenes en el estrato medio alto, pero solo al 19,7% en el muy bajo. En contraposición, el empleo irregular o desempleo es solo 11,6% de los casos del estrato medio alto, y 30,6% en el muy bajo. Más aún, el desempleo de larga duración también se triplica: pasa del 5,2% al 14,9%, respectivamente.
"El acceso a inserciones laborales estables y protegidas es limitado. Casi 7 de cada 10 jóvenes están inactivos, desempleados o atraviesan situaciones de empleo irregular, y las dificultades aumentan entre quienes pertenecen a los estratos socioeconómicos más bajos", indican los mencionados investigadores. "La inactividad requiere una lectura específica: puede expresar dedicación al estudio o, por el contrario, desvinculación educativa y laboral, situaciones que presentan una fuerte diferenciación social. El problema juvenil no es solo acceder a un trabajo sino lograr una inserción estable y protegida, expresaron."
Recientemente, también la Universidad de Buenos Aires (UBA) alertó sobre la condición de vulnerabilidad socioeconómica en la que ya se encuentra sumida el 49% de los jóvenes de entre 18 y 29 años en Argentina. Ese escenario crítico es el caldo de cultivo de los "Triple-Ni", los jóvenes que ni trabajan, ni estudian ni buscan empleo.
El relevamiento de la casa de altos estudios más grande de Buenos Aires, encontró que 60,5% de los jóvenes vulnerables posee secundario incompleto o un menor nivel de instrucción. El 32,8% terminó la secundaria y el 6,7% incluso cursó estudios terciarios o universitarios. Pero solo una cuarta parte de los jóvenes vulnerables continúa estudiando, lo que evidencia una temprana desvinculación del sistema educativo formal.
Entre los jóvenes que manifestaron a la UBA no tener trabajo (30,6%), la búsqueda reciente de empleo alcanza solo a cuatro de cada diez, evidenciando procesos de desánimo profundamente arraigados y la magnitud de la crisis social juvenil en Argentina.
Desigualdad heredada, cómo influye el hogar en el futuro laboral El estudio de la UCA incorpora la "herencia social" a la explicación de las trayectorias juveniles. Entre los sectores más desfavorecidos, la calidad del empleo del jefe o jefa del hogar modifica significativamente las posibilidades de los jóvenes: cuando el hogar cuenta con un empleo pleno aumentan las chances de sostener los estudios; cuando predominan la precariedad, el subempleo o el desempleo, crece la desvinculación educativa y laboral.
Sin embargo, incluso un empleo protegido del principal sostén económico no alcanza a borrar la desventaja asociada a una posición socioeconómica baja.
Asimismo, el 21,4% de los jóvenes presenta malestar psicológico, pero su incidencia aumenta del 15,5% en el estrato medio alto al 28,5% en el muy bajo.
También se amplían fuertemente las brechas en las redes de apoyo: declara no tener amigos el 15,7% de los jóvenes del estrato muy bajo, frente al 1,7% del medio alto. Y entre las mujeres jóvenes, las experiencias declaradas de violencia de género alcanzan al 19,4% en el estrato muy bajo, más de tres veces el 6,2% registrado en el medio alto.
No todas las dimensiones, sin embargo, reproducen la fractura social. Ante la opción entre libertad e igualdad, las preferencias aparecen relativamente equilibradas en todos los estratos, sin diferencias de clase marcadas. Las profundas desigualdades en las condiciones de vida no se traducen, por lo tanto, de manera automática en una polarización valorativa.
El informe plantea así que la exclusión juvenil no puede interpretarse solamente desde las decisiones individuales ni abordarse únicamente con políticas educativas o de empleo. Sostener las trayectorias educativas, promover empleos de calidad, revincular a quienes están fuera del estudio y del trabajo y fortalecer las condiciones de los hogares requiere, al mismo tiempo, incorporar el bienestar psicosocial, las redes de apoyo y la prevención de las violencias.
El ODSA-UCA concluye que las oportunidades de futuro no empiezan a construirse cuando un joven busca trabajo: se configuran mucho antes, en la etapa de crianza y socialización, sobre puntos de partida familiares y sociales profundamente desiguales.
FUENTE: IPROFESIONAL
Jueves, 27 de agosto de 2026
|
|
| ... |
|
Volver |
|
|
|
|
|