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Política El FMI redujo el crecimiento esperado para la Argentina y advirtió por las consecuencias mundiales de la guerra  El Fondo Monetario Internacional recortó la proyección de crecimiento argentino para 2026 al 3,5% y alertó que la guerra en Medio Oriente podría desencadenar una crisis energética global, con menor expansión económica, mayor inflación y riesgos de recesión.
“El panorama mundial se ha oscurecido abruptamente tras el estallido de la guerra en Medio Oriente. El cierre del estrecho de Ormuz y los graves daños a instalaciones de producción críticas en una región central para el suministro de hidrocarburos al mundo podrían provocar una crisis energética de una escala sin precedentes”. Así lo advirtió Pierre-Olivier Gourinchas, economista del Fondo Monetario Internacional (FMI) este martes en Washington, donde el organismo dio a conocer su informe Perspectivas Económicas Mundiales (World Economic Outlook). Para la Argentina prevé un crecimiento de 3,5% para el año en curso –medio punto menos que en la proyección de enero pasado-.
Si bien el Fondo redujo el aumento esperado para el producto interno bruto (PIB) argentino en 2026, mantuvo la proyección de 4% de crecimiento que viene anticipando para 2027.La visión sobre el país es optimista ya que espera que la inflación promedio se ubique en 30,4% en el presente año (once puntos por debajo de 2025) y calcula que se ubicará en la mitad -15,7%- en 2027.
También augura una reducción tanto en el déficit de la cuenta corriente como en la desocupación. El desequilibrio externo pasaría de un resultado negativo de 1,1% del PIB en 2025 a 0,8% y 0,6% en el presente año y el próximo, respectivamente. La tasa de desempleo se reduciría de 7,2% de la población económicamente activa en 2026 a 6,9% en el 27.
“Riesgos tremendos”
En su escenario base, suponiendo un conflicto de corta duración con un aumento moderado de los precios de la energía de 19%, el FMI proyecta un crecimiento global del 3,1% para este año, una revisión a la baja de 0,2 puntos porcentuales con respecto de las proyecciones de enero. En este marco se espera que la inflación general aumente del 4,1% en 2025 al 4,4% en 2026.
Si se mantuvieran estas condiciones, la economía podría crecer 3,2% en 2027, es decir por debajo del 3,4% registrado en 2024-25, y menos que el promedio histórico (2000-19) del 3,7%.
Sin embargo, el organismo considera que más ataques a instalaciones energéticas críticas y la perspectiva de un cierre más prolongado del estrecho de Ormuz están planteando el espectro de un cierre más significativo y persistente. En este escenario adverso, que se considera ampliamente anclado a las condiciones prevalecientes en el mercado hacia finales de marzo, se esperaría que la producción mundial disminuya al 2,5% y la inflación aumente al 5,4%.
Pero también se plantea la hipótesis de un escenario severo, suponiendo que las perturbaciones en los mercados energéticos se extiendan hasta el próximo año, junto con una pérdida de anclaje de las expectativas de inflación y un endurecimiento de las condiciones financieras. De darse este panorama se considera que la economía global estaría cerca de experimentar una recesión, con un crecimiento de alrededor del 2% este año y el próximo y la inflación cercana al 6%. “Claramente, los riesgos a la baja son tremendos”, según evaluó Gourinchas.
El economista advirtió que “a pesar de las recientes noticias de un temporal alto el fuego, algunos daños ya están hechos y los riesgos a la baja persisten elevados”.
Impacto de la guerra en Medio Oriente
Por supuesto, se considera que la magnitud final del shock dependerá de la duración y escala del conflicto como así también de la rapidez con que se normalicen la producción y el envío de energía una vez que finalicen las hostilidades.
Según el Fondo, este impacto dependerá de tres canales. En primer lugar, el aumento de los precios de las materias primas es evaluado como un shock de oferta negativo clásico, que aumenta los costos de bienes y servicios que consumen mucha energía, alterando las cadenas de suministro, elevando la inflación general y erosionando el poder adquisitivo.
En segundo lugar, se entiende que estos efectos podrían amplificarse a medida que las empresas y los trabajadores intenten recuperar pérdidas, con el riesgo de espirales de precios-salarios, especialmente cuando las expectativas de inflación no se encuentran ancladas.
Por último, el Fondo advierte mayores riesgos macroeconómicos y la perspectiva de una política monetaria más estricta que podría desencadenar una repentina revisión de los precios por parte de los mercados financieros, con valorizaciones de los activos mucho más bajas, mayores primas de riesgo, más fuga de capitales y apreciación del dólar. Así, se endurecerían las condiciones financieras frenando la demanda agregada.
Las recomendaciones del FMI
Gourinchas también consideró cuáles deberían ser las respuestas de los bancos centrales frente a esta coyuntura. En general, consideró que se puede superar el aumento de los precios de la energía, pero sólo mientras las expectativas de inflación estén bien ancladas.
Sostuvo que, si las expectativas de inflación a mediano o largo plazo suben a medida que se incrementan los precios y los salarios, “en el corto plazo, el restablecimiento de la estabilidad de precios debe tener prioridad sobre el crecimiento, con un rápido endurecimiento” de las condiciones monetarias.
Si bien defendió la flexibilidad en la política cambiaria, también consideró que las intervenciones cambiarias o en el flujo de capitales se las puede considerar, en algunos casos, como medidas acordes con las políticas que recomienda el organismo.
En cuanto a la política fiscal, evaluó que, si bien son populares medidas como topes de precios, subsidios y medidas similares, “con frecuencia están mal diseñadas y son costosas”. Dada la falta de espacio fiscal, por los elevados déficits y deuda pública en numerosos países, el economista aseveró que “cualquier apoyo fiscal debe seguir siendo limitado y temporal con cláusulas de extinción claras y coherentes”.
También se pronunció en contra de los controles de precios y las restricciones a las exportaciones ya que “estas medidas a menudo resultan contraproducentes al aumentar los precios subyacentes, lo que lleva al racionamiento y traslada los efectos de contagio adversos a otros países”. En cambio, defendió, transferencias directas y selectivas a hogares vulnerables.
Por último, consideró que “si las condiciones financieras se endurecen de manera drástica y la actividad mundial se deteriora notablemente, la política monetaria y fiscal debería estar dispuesta a girar para apoyar la economía y salvaguardar el sistema financiero, aplicando adecuadas medidas financieras y políticas de liquidez”.
Ámbito
Martes, 14 de abril de 2026
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