Economia El corazón forestal de Argentina, en crisis: se aceleran cierres de empresas y suspensiones de personal .jpeg)
Con caída del consumo, costos en alza y escaso financiamiento, la foresto-industria atraviesa uno de sus momentos más delicados en décadas
La foresto-industria del noreste argentino atraviesa una crisis de profundidad estructural que ya dejó de expresarse en los balances negativos para instalarse, con fuerza, en la vida diaria de localidades enteras. Misiones y Corrientes, dos de las principales provincias productoras de madera del país, exhiben hoy un panorama atravesado por cierres temporarios y definitivos, suspensiones de personal, reducción de turnos y una fuerte pérdida de actividad en el mercado interno.
Desde esa región del país, sale casi la totalidad de materias primas provenientes del pino y el eucaliptus, que sirven para elaborar tablas, tableros, o productos más refinados para uso cotidiano como cucharas de madera o escarbadientes.
La combinación que empuja al sector hacia esta situación es múltiple, y tiene epicentro en fuerte retracción del consumo por caída de la obra pública, tarifas de servicios en alza, combustibles más caros, presión impositiva sostenida, falta de crédito productivo y exportaciones que, aunque siguen siendo una válvula de escape, muestran márgenes cada vez más estrechos.
A esto se suma la parálisis casi total de la construcción, uno de los grandes demandantes históricos de productos de madera.
Los casos que se registran en distintos puntos del Litoral replican un mismo patrón. Desde grandes plantas industriales hasta aserraderos medianos y pequeños, los síntomas se repiten con matices, pero con una raíz común.
Tapebicuá: de gigante industrial a planta paralizada Uno de los ejemplos más contundentes de esta crisis es el de Forestal Tapebicuá, una de las mayores empresas del rubro en la Argentina, con base en Gobernador Virasoro, al norte de Corrientes. Especializada en madera aserrada y compensados fenólicos, la firma viene atravesando desde hace más de un año un proceso de reestructuración profunda.
En ese marco, ya había cerrado previamente una de sus plantas, ubicada en la localidad de Garruchos, al considerar inviable su funcionamiento. El objetivo explícito de la empresa fue intentar mejorar eficiencia operativa y reducir costos fijos. Para ello avanzó en cambios en la conducción, incorporó asesoramiento externo en gestión y revisó integralmente su esquema productivo.
Sin embargo, esas medidas no alcanzaron para revertir el deterioro financiero. Con una dotación que supera las 500 personas, la estructura laboral pasó a ser uno de los principales factores de tensión en un contexto de caída de actividad. A esto se sumaron problemas de liquidez, dificultades para afrontar el pago regular de salarios y un mercado interno prácticamente paralizado.
El punto de quiebre llegó cuando la firma solicitó un Proceso Preventivo de Crisis y dispuso la paralización temporaria de sus operaciones por 30 días, con la suspensión de más de 500 trabajadores. La medida desató un conflicto de alto impacto social en Virasoro, con protestas, acampes y cortes intermitentes sobre la Ruta Nacional 14, uno de los corredores logísticos más importantes del Mercosur.
Mientras tanto, los trabajadores denunciaron atrasos salariales, pagos fraccionados y deudas acumuladas, lo que agravó el clima de incertidumbre. En paralelo, comenzó a tomar fuerza la versión de un posible cierre definitivo, ante la falta de interesados en adquirir la empresa o capitalizar su continuidad productiva.
La situación de Tapebicuá se ve además atravesada por la crisis de su controlante, Celulosa Argentina, que transita un proceso concursal con un pasivo millonario y recientemente cambió de manos en un intento por reordenar sus finanzas. Aunque la papelera inició un camino de reactivación, el impacto sobre su unidad forestal todavía arrastra tensiones no resueltas.
Montecarlo: una fábrica histórica que baja la persiana En Misiones, la crisis también dejó señales contundentes. En la localidad de Eldorado, la empresa Industrias Montecarlo, dedicada desde hace décadas a la producción de palitos de helado y escarbadientes, anunció el cierre definitivo de su planta.
La firma, con casi medio siglo de trayectoria, atravesaba desde hacía meses un conflicto laboral que fue escalando con el correr de las semanas. Los trabajadores denunciaron restricciones de ingreso a la fábrica, falta de certezas sobre la continuidad de la actividad y demoras en los pagos. Tras una ocupación simbólica de la planta, la empresa comunicó verbalmente su decisión de discontinuar por completo las operaciones.
Once familias quedaron así directamente afectadas por la pérdida de su fuente de ingresos, en una localidad donde la industria maderera cumple un rol central en la economía regional. La discusión pasó entonces al terreno de las indemnizaciones, con propuestas que el gremio consideró insuficientes frente a los montos que corresponden legalmente.
Santa Rosa: un parque industrial que trabaja al 60% Otro foco crítico se localiza en el Parque Foresto-Industrial de Santa Rosa, también en Corrientes. Allí, la mayoría de los aserraderos opera muy por debajo de su capacidad instalada. Algunos establecimientos detuvieron completamente su actividad a comienzos de año y no lograron reactivarse.
Dirigentes empresariales del sector describen un escenario marcado por la caída abrupta de pedidos, la imposibilidad de trasladar aumentos de costos a los precios finales y una presión impositiva que se mantiene aun cuando la producción se retrajo de forma severa. La exportación de pallets aparece como una tabla de salvación parcial para algunas plantas, pero con márgenes mínimos.
El escenario se agrava por la falta de financiamiento. Las empresas reportan dificultades para refinanciar pasivos, cubrir compromisos salariales y afrontar obligaciones como aguinaldos y cargas sociales. A esto se suma la negociación paritaria del sector, que se desarrolla en un contexto de extrema fragilidad para los empleadores.
Desde cámaras sectoriales de Misiones y Corrientes vienen advirtiendo que, sin medidas de alivio fiscal, herramientas de crédito productivo y algún estímulo al mercado interno, el número de cierres podría seguir en aumento hacia fin de año.
Costos en alza, consumo ausente y exportaciones sin margen En términos estructurales, el diagnóstico es coincidente en toda la región. El encarecimiento de la energía, el gasoil y los insumos básicos elevó fuertemente los costos operativos. Al mismo tiempo, la caída del poder de compra frenó casi por completo la demanda para usos tradicionales como la construcción, la fabricación de muebles y los embalajes para el mercado interno.
Las exportaciones, si bien continúan activas en algunos segmentos, enfrentan una competencia cada vez más dura y una ecuación de costos que deja poco margen de rentabilidad, especialmente para las PyMEs. La mejora en el acceso a ciertos mercados no alcanza para compensar la retracción doméstica.
A esto se suma un fenómeno adicional que algunos empresarios vienen señalando en voz baja desde hace tiempo: el avance de la informalidad y prácticas irregulares dentro de la cadena de transporte y comercialización de la madera, lo que distorsiona aún más la competencia y erosiona la sustentabilidad de quienes operan dentro de la legalidad. Parte de este debate comenzó a salir a la luz pública a través de intercambios entre industriales recogidos por el portal especializado ArgentinaForestal.com.
Los fierros, otro gran problema En paralelo al deterioro de la actividad, comenzó a ganar espacio otro debate de fondo que tiene que ver con el atraso tecnológico que arrastra buena parte de la industria. Según planteó la Asociación Forestal Argentina (AFoA) ante la Cámara de Diputados, la antigüedad promedio del equipamiento en muchos aserraderos del país ronda los 40 años.
En ese contexto, advirtió que una porción importante de las empresas no tiene hoy capacidad financiera para acceder a maquinaria nueva, razón por la cual el régimen de importación simplificada de equipos usados se volvió una herramienta clave para sostener niveles mínimos de competitividad en el sector.
Por ese motivo, la entidad solicitó que no avance en el Congreso el expediente que propone derogar el Decreto 273/25, que habilitó ese esquema de ingreso más ágil de bienes de capital usados.
De modificarse ese marco normativo, volvería a aplicarse el sistema anterior, que exige el Certificado de Importación de Bienes Usados (CIBU), un requisito que históricamente limitó la renovación de equipos. Desde el sector entienden que mantener el decreto vigente es central para impulsar inversiones, mejorar la productividad y evitar que el atraso tecnológico profundice aún más la crisis que atraviesa la foresto-industria.
Una crisis que ya excede lo sectorial Lo que hoy atraviesa la foresto-industria del Litoral argentino ya no es solo un problema de empresas individuales. El impacto se extiende a proveedores de servicios, transportistas, comercios locales y economías regionales enteras que dependen, en buena medida, del movimiento que genera la actividad maderera.
Los casos de Tapebicuá, Montecarlo y Santa Rosa funcionan como radiografías de una crisis más amplia que tiene dificultades financieras persistentes, paradas de planta, conflictos laborales y una rentabilidad que no logra despegar. Sin señales claras de recuperación del consumo, sin crédito accesible y sin alivios fiscales específicos, el sector enfrenta un final de año marcado por la incertidumbre.
FUENTE: IPROFESIONAL
Sábado, 29 de noviembre de 2025
|